lunes, 22 de marzo de 2010

Puse la pava con agua en el fuego. Me senté a escribir para contarme a mi mismo, lo que pasó.
La llamada extraña, la noticia como una trompada en la cara, los abrazos, los quiebres, la mirada perdida en el techo por horas, los llantos, los demás, las imágenes que vuelan sobre todos los que quedamos...
Las imágenes de esa vida que fué, que vivimos juntos, pasando veloz como la cola de una película... Hay algo enormemente convocante en la muerte.... todos estamos en la misma sintonía, viajando por los mismos lugares, azorados, varados, atascados en las mismas piedras...
Después vinieron las ceremonias, las costumbres, los ritos de ocasión. Y a pesar de todo eso... la belleza
La belleza del dolor compartido con sonrisas
La belleza de los abrazos inundados de amor y consuelo
La belleza de las palabras con luz en medio de lo abyecto
La belleza del último trago de los amigos sobre su tumba
Ya pasaron diez minutos... el agua, en la cocina, hierve enloquecida...
Arturo Chahbenderian

2 comentarios:

  1. Arturo, me emocionó mucho tu texto. Transformaste el dolor en belleza y eso confirma tu maestría en el arte del relato.
    Te mando un abrazo,
    Tomás

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  2. Me encanto como la simpleza me llevo a distintas emociones, escenografías ; idas y vueltas en tiempo y lugar.

    Sabrina

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